lunes, 1 de junio de 2009

ACEITE DE RATEROS:

ACEITE DE RATEROS:
Esta idea me parece fantastica, pero pasa lo mismo, que con el caf{e y la influenza, esto es tan sencillo, pero el gobierno y las farmaceuticas no lo pintan asi, quieren hacernos la vida mas dificil, y no solo eso, hacer que paguemos millones de dinero, para despues ellos volverse ricos, pongo por ejemplo, el tapa bocas, llego el punto en que las personas lo vendian a 1500 pesos, y antes cuando no le habian hecho propaganda, o cuando lo utilizabamos para el laboratorio de Quimica, pero despues se agoto hasta el material, para frabricarlos, o fue otro de sus trucos para que tuvieramos panico, o tal vez lo que hacen con los alimentos, cuando se agotan le suben de precio, y si que ganan mucho dinero, en esta corrupci{on no solo ganaron las farmaceuticas tambien el estado, tenemos que abrir los ojos y no dejarnos guiar por algunas personas sin ética, y hacerle como es el de este caso a la medicina alternativa, tenemos que acabar con este negocio YA.

GRACIAS.

GUERRA BIOLOGICA

GUERRA BIOLOGICA:
Considero que sesto es una injusticia, lo que esta sucediendo en todo el mundo en este momento, PERO ALGUNOS PAÍSES como es el caso de Colombia, toman muy apecho esto, para tapar otros problemas que estan sucediendo, como por ejemplo lo del DAS y lo de los falsos positivos, mi preguta y me parece que concuerda con todo eso que dicen que este virus fue hecho en un laboratorio, no se si usted se acuerda profesor, una semana antes de que saliera el boom de lo de la gripe porcina, habian dicho en las noticias, que se habian robado un virus de un laboratoria de Estados Unidos, y despues esto, por qué sera que todos tapan lo de todos, a ellos les entra por fuera, se van a volver ricos, enfermando y haciendole daño a las personas, y otra de mis grandes preguntas si esto se sabe ¿por qué si se sabe esto no lo investigan, los que luchan por los derechos en todo el mundo, en ese caso elllos hacen lo que les conviene y por su suma, que debe ser bastante considerable, porque ellos no se van a ir solos, si se va uno, puede caer hasta la cadena llegando hasta el presidente BUSH y lo que es peor se desmantelarialos vinculos que tiene esto con los OSAMA, eso es puro teatro.

Ademas el gobierno Colombiano, sabe como sacarle plata a las personas, muy facil, pero de una manera alarmante, como fue esto, es un verdadero caos.
GRACIAS

domingo, 31 de mayo de 2009

El CAFE COMO EL MEJOR REMEDIO CONTRA EL DENGUE:




EL CAFE COMO EL MEJOR REMEDIO CONTRA EL DENGUE:
Lo de la enfermedad del dengue me da mucha alegría, porque tiene una solución muy económica y muy eficiente a la vez, pero ¿por qué todo tiene que ser dinero?, ¿Por qué no piensan en el bienestar de las personas?, esto es muy sencillo, ellos sacaron el remedio contra el dengue, cuando me refiero a ellos, me refiero al gobierno y a las grandes farmacéuticas, este remedio es muy costoso y por ende ellos como han invertido y ven que es muy rentable, no les interesa que desaparezcan los mosquitos que producen esta enfermedad ya que se quebrarían estas.

Además estas vacunas o remedios vendidos por las farmacéuticas no cumplen la función de curar sino de controlar las enfermedades y sin embargo ellos siguen recibiendo dinero, porque según ellos y lo que le hacen creer a las demás personas es que si no toman esa alternativa se mueren, y las personas los hacen, porque si tu hijo o alguna persona de tu familia se está muriendo por causa de alguna enfermedad y además existe el “remedio” las personas se consiguen el remedio como sea si importar el costo, además estos son tan descarados, que invierten plata del pueblo para comprar estos remedios y le sacan un producto que es la 5 vez de lo que ellos invirtieron, para así aprovechar y exprimir el pueblo porque nosotros que somos el pueblo, les pagamos todo a ello y todavía no encuentran como sacarnos la plata es el colmo.

Lo de la información del remedio del café me parece muy positivo para toda la población mundial, a la cual este problema está atacando desde hace años, pero no se difunde por la sencilla razón de que al gobierno no le conviene y le dejaría de entrar un suma de dinero muy grande y hay si que lo dejaríamos pobres. Jajaja.

Tenemos que darnos cuenta que por mas enfermedades que existan las más fuertes van a ser producto de los grandes mosquitos del gobierno.
GRACIAS

jueves, 26 de febrero de 2009

Destilados amargos.

Por: Gustavo Duncan.
Gota a gota Octubre 23 de 2008
La semana pasada un reportaje de la Revista Cambio reveló la dimensión del mercado de crédito informal en Colombia: ocho de cada diez créditos son informales. Nada más indicativo de la realidad nacional que un problema que expresa tanto las falencias de la economía formal para incluir a toda la población dentro de un capitalismo democrático como los problemas de valores y conductas de los colombianos. Puede que en términos de volumen total de recursos del sector financiero, los créditos informales no constituyan una porción tan alta de la asignación de préstamos. Pero el hecho de que el mayor número de transacciones crediticias no sean producto de instituciones financieras reguladas por el Estado, es una advertencia que la economía formal del país presenta graves fallas en cuanto a su democratización. El crédito, una de las partes fundamentales del capitalismo moderno, es un servicio de lujo. En teoría una banca democrática cumple la función de captar los ahorros de la sociedad para que su clase empresarial pueda financiar la producción económica. A cambio de utilizar esos recursos los empresarios pagan unos intereses que incluyen las pérdidas de los préstamos no recuperados. Una banca eficiente debe evitar los préstamos a empresarios que no estén en condiciones de pagar porque encarece el crédito a quienes sí están comprometidos en ampliar el sector productivo nacional. La decisión de no pagar un crédito puede obedecer a que el empresario simplemente no tiene cómo hacerlo -por quiebra o iliquidez- o a que por razones éticas decide no cumplir sus deudas. Los bancos deben entonces identificar las probabilidades de pago de los empresarios para evitar que la plata de los ahorradores se diluya. Existen tres mecanismos básicos para garantizar que los clientes cumplan sus compromisos: activos físicos, fiadores e historial crediticio. El problema en Colombia es que un 80% de los clientes de préstamos no cuentan ni con activos ni con fiadores ni con historial de crédito para acceder a la banca formal. Deben buscar créditos en el sector informal que cuenta con otro mecanismo para garantizar los pagos: la disuasión armada. La violencia se convierte así en un medio alternativo para lograr que los potenciales clientes acudan al sistema sólo cuando están seguros de poder pagar, y de paso, evitan que muchos individuos pobres de ética decidan eludir sus compromisos crediticios. En otras palabras, el sistema bancario informal es un caso más donde la violencia se convierte en un mecanismo efectivo de regulación económica para aquella población que no puede ser atendida por el sector formal debido a sus barreras estructurales (falta de activos, conocimientos de las transacciones, etc). Lo más grave es que la mayoría de esos clientes son capaces de pagar las tasas de usura del sector informal. Los famosos sistemas de ‘gota a gota’, pese a su brutalidad e infamia, cumplen una función importante al permitir a muchos empresarios de bajos recursos y nula liquidez sobrevivir en medio de riesgosas transacciones. Sin importar los problemas de estos sistemas económicos los individuos cumplen sus obligaciones. La gran pregunta es: ¿cumplirían estos mismos individuos sus obligaciones si no existiera una amenaza violenta? Si fuera así los bancos no tendrían mayores problemas para atenderlos. Quizá este ejemplo sea una advertencia de los problemas éticos que afronta la sociedad colombiana y que deberíamos reconocer si quisiéramos en verdad modernizar nuestra sociedad.
Profesor de la Universidad de Los Andes

miércoles, 4 de febrero de 2009

Un aplauso Por Antonio Caballero

Para saber si los pases a retiro de unos cuantos oficiales significan que de verdad está cambiando esa convicción profunda hay que ver si son seguidos de algo más: de juicios, de condenas
Sábado 1 Noviembre 2008


Un aplauso. Está muy bien que por fin los más altos representantes del Estado empiecen a reconocer lo que desde hace decenios un general tras otro, un ministro de Defensa tras otro, un presidente tras otro, han negado en redondo: que las Fuerzas Armadas cometen excesos. Torturas. Detenciones que terminan en la desaparición de los detenidos. Ejecuciones extrajudiciales. Crímenes de guerra. Hay que felicitar al presidente Uribe, al ministro Santos, al general Padilla, por su decisión de pasar a retiro a tres generales y siete coroneles (y otros tres más hace ocho días), más una docena de oficiales y suboficiales de menor rango, por los infames "falsos positivos" con decenas de muertos denunciados en las últimas semanas.

Está muy bien que se empiece a limpiar el Ejército (y la Policía, y el DAS), y ya iba siendo hora: sólo falta un año para que venza la reserva de siete que establecieron al alimón el presidente saliente Andrés Pastrana y el entrante Álvaro Uribe ante la Corte Penal Internacional, blindando al Estado colombiano frente a las responsabilidades por crímenes de guerra durante el tiempo que según su cálculo optimista tomaría derrotar a la subversión en Colombia.

Está muy bien que los crímenes se reconozcan. Y que se acepte por primera vez que no se trata de actos aislados de "elementos descorregidos", de "manzanas podridas", de "ovejas negras" que no entrañan responsabilidad institucional ni política de sus superiores, sino que, por el contrario, la comprometen tanto por omisión como por acción. Pero la necesaria limpieza del Ejército, de la Armada, de la Fuerza Aérea, de la Policía, del DAS, de todos los organismos secretos del Estado, habrá que repetirla una y otra vez, indefinidamente, mientras no cambien de verdad las convicciones profundas de los militares que hacen la guerra y de los civiles que la ordenan desde el poder político. La convicción profunda, reforzada además por el adiestramiento y el ejemplo recibidos de los Estados Unidos, de que todo vale en la guerra contra la subversión, hoy llamada narcoterrorista; ayer, comunista; antier, bandolera. De que valen el asesinato y la tortura, la desaparición forzada, la expulsión, porque el enemigo no merece respeto.

Todo vale porque la vida no vale nada. La de los demás: esos, literalmente, desechables que constituyen el grueso del pueblo colombiano (y que hay que distinguir, claro, de los llamados "colombianos de bien"). Los desechables se pueden desechar. Usar y tirar. Eliminar cuando ya no sirven. Intercambiar. Pueden ser usados indiferentemente como guerrilleros o como paramilitares, como sicarios de la mafia o como mensajeros de moto o como desempleados o como subempleados o como reinsertados o como votantes cautivos o como víctimas de los "falsos positivos militares". Su vida real no importa, salvo desde el ángulo de la estadística. Por eso puede el coronel Plazas Vega, aquel que "defendía la democracia, maestro", decir que los cadáveres de los desaparecidos de la cafetería del Palacio de Justicia están donde no están, y tiene que salir Medicina Legal a desmentirlo. Ah, ¿eran otros muertos? Da lo mismo.

Para saber si los pases a retiro de unos cuantos oficiales significan que de verdad está cambiando esa convicción profunda de que hablo hay que ver si son seguidos de algo más: de juicios, de condenas. Pues la desaparición forzada, que trabajosamente fue por fin tipificada como delito en el año 2000, no ha tenido en los siete años transcurridos desde entonces ningún acusado, ningún procesado, ningún condenado, pese a que sigue afectando a unas quinientas personas cada año. Y la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada, firmada por el gobierno de Colombia en septiembre de 2007, no ha sido ratificada todavía. Y en la discusión que se adelanta en el Congreso sobre la Ley de Víctimas, el gobierno y sus parlamentarios leales se rehúsan obstinadamente a reconocer como víctimas del conflicto (y a reconocer que hay conflicto) a las que lo hayan sido de los agentes del Estado: soldados, policías, detectives del DAS. Como si no existieran.

Todavía falta, pues. Y no sólo porque la lucha por la verdad y la justicia sea una lucha interminable que nunca se puede dar por ganada del todo, sino porque el reconocimiento hecho esta semana por los más altos representantes del Estado sobre sus culpas parece insuficiente todavía, apenas de labios para afuera. Así, al presidente Álvaro Uribe se le escaparon dos expresiones reveladoras al hacerlo. Una fue la de que los desaparecidos habían sido "ajusticiados" por el Ejército. La otra, la de que con sus masacres, de Guaitarilla a Soacha, los militares "nos hacen quedar mal". "¿''Ajusticiados" los asesinados? ¿Y simplemente "queda mal" quien secuestra a alguien para matarlo y presentar su cadáver como un "positivo"? En los dos casos, las palabras del Presidente se quedaron algo cortas.

Pero bueno: es un comienzo. Que sigan por ahí. Y, de nuevo, un aplauso.